He tenido la gran suerte de trabajar al lado de una leyenda de la música, local e incluso nacional.

 

Rondaba la primavera del año 1982 cuando se organizaban los bailes en beneficio del viaje fin de curso del Colegio de Magisterio de Almería. Por aquel entonces yo solo contaba con doce años pero mi interés por la música ya había despertado e iba creciendo más y más.

Como podéis imaginar, en las fiestas antes mencionadas no me dejaban entrar por mi corta edad y estatura, así que mis amigos de la época y yo, una noche, casi jugándonos la vida, decidimos colarnos por el que ahora es el hogar de la tercera edad, que entonces estaba en obras y colindaba con la escuela donde se celebraba el concierto. Aparte del atractivo que para unos jovenzuelos tenía estar en aquella fiesta, había algo que nos emocionaba aun más:  ver en directo a los “Teddy Boys”. ¡Si, eran ellos los que amenizaban el baile!

Después de trepar como monos por la estructura para alcanzar la azotea del edificio del colegio, nos  instalamos en el borde para ver todo el cotarro. De repente empezaron a sonar unos acordes. Era la primera vez que los veía y no podía creérmelo, ¡estaban allí! Pero lo que más me impresionó fue cuando mi devota mirada se desplazó hacia la batería y contemplé la legión de tambores y platos, formando casi un círculo perfecto y en cuyo centro se encontraba José Del Olmo, “Quillo”. Fue impresionante.

Pasaron diez años  y el destino quiso que conociera a Paco Rivas, con el que inicie un proyecto musical y buscábamos baterista. Paco, enseguida propuso el nombre de Quillo, comentando que él sería el elemento perfecto para nuestra empresa. Quillo aceptó. Para mí, ese momento fue trascendente, ya que él era un músico muy admirado, casi un ídolo. Así comenzamos a trabajar juntos iniciando una nueva etapa de “Los Teddy” y creando nuevos proyectos como “Beatles Connection” o “Coctail Band”.

Quillo era una persona aparentemente seria, pero había que conocerlo a fondo. El sabía sacarte una sonrisa durante las largas y tediosas giras, donde la convivencia y el día a día a veces no nos lo ponían fácil.

Han habido muy pocos que tuvieran ese carisma especial para cautivar a todos con su instrumento. Hasta  el mismísimo Miguel Ríos, sorprendido por la inmensa presencia de su batería en el escenario de Linares, hizo comentarios elogiosos que fueron escuchados por gente cercana a los Teddy.

Guardo un grato recuerdo de él y en ocasiones me cuesta pensar que ya no está. De lo que si estoy seguro es de que he tenido la gran suerte de trabajar al lado de una leyenda de la música, local e incluso nacional, y eso no lo olvidaré mientras viva.

DIEGO CRUZ

Cantante